Vanity

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miércoles, 3 de febrero de 2010

Que vida...

Ella sabía que había algo en mí que pasaba de todo lo que podía considerarse saludable. Yo estaba sumergido en todas las cosas supuestamente malas: me gustaba beber, era un vago, no tenía dios ni conciencia política, ideas, ideales. Estaba metido en la inanidad más completa; una especie de no-ser, y lo aceptaba. Eso no podía hacerme una persona muy interesante. Yo no quería ser interesante, de todos modos, era algo muy duro. Lo único que quería realmente era un lugar blando e impreciso donde poder vivir y donde me dejaran tranquilo. Por otro lado, cuando me emborrachaba pegaba gritos, me volvía loco,perdía todo tipo de control. Un comportamiento no pegaba mucho con el otro. No me importaba.
Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener.

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